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Si insiste en quere adelgazar, el consejo que le doy es que coma tanto como quiera,
pero no se lo trague.(Harry Secombe)

La felicidad radica, ante todo, en la salud.
(George William Curtis (1824-1892)
Mostrando entradas con la etiqueta La salud mental desde la Infancia. Mostrar todas las entradas
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Atencion y actividad (La salud mental desde la Infancia)

Publicado en el mundo 

Síndrome de hiperactividad

Es uno de los problemas psiquiátricos más frecuentes en los niños en edad escolar aunque también es común en la adolescencia. Entre un 5% y 6% de los niños sufren esta alteración neurológica que se caracteriza por la falta de atención, el exceso de impulsividad o actividad o alguna combinación de estos factores.

Son niños (afecta a cuatro varones por cada niña) que, literalmente, no paran quietos, que casi nunca acaban lo que empiezan, nerviosos e insensibles a los castigos. Todo ello les conduce a padecer conflictos en el colegio, con la familia y los amigos y al desarrollo de problemas de conducta.

Síntomas que lo delatan

Abandona continuamente su asiento, aunque deba permanecer en su sitio.

Corre en momentos inapropiados.

Tiene dificultad para jugar en silencio.

Con frecuencia habla excesivamente sin parar de moverse.

No logra mantener la atención en labores de larga duración.

No termina lo que empieza o le cuesta mucho hacerlo.

Dice lo que piensa aunque no sea apropiado.

No puede aplazar lo que le resulta gratificante. No espera su turno.

Tiene un mal rendimiento escolar y dificultad para llevarse bien en el colegio.

Le cuesta obedecer y suele tener conflictos con los hermanos.

Su autoestima es baja, dado que tienen la sensación de que no hacen las cosas bien. Pierde con frecuencia los juguetes, los libros o el material escolar necesario para hacer sus actividades.

Tiene problemas para organizar sus tareas.

Evita toda aquella actividad que requiere un esfuerzo mental.

Por qué se produce

Su origen se desconoce, y las investigaciones realizadas hasta ahora sugieren que no es probable encontrar una causa única del trastorno. Se considera que la unión entre factores genéticos, biológicos y ambientales es la que puede desencadenar el síndrome. De hecho, los hijos de padres hiperactivos tienen entre dos y ocho veces más riesgo que la población general de padecer también el problema. Se ha especulado además con la posibilidad de que los problemas en el embarazo (así como el consumo de tabaco, alcohol y drogas) o en el parto puedan aumentar las posibilidades de que el futuro bebé desarrolle hiperactividad, aunque aún no hay datos concluyentes al respecto.

En busca del diagnóstico

Es muy difícil dictaminar la patología en menores de siete años, dado que la impulsividad es algo normal hasta edad. Además, para constatar que un menor es hiperactivo los síntomas deben prolongarse durante más de seis meses en todos los ambientes que el infante frecuenta (colegio, casa y amigos). Un niño con TDAH que no es detectado a tiempo puede tener graves problemas tanto a nivel académico, como en sus relaciones familiares y sociales.

El diagnóstico y tratamiento precoces previenen complicaciones futuras como es el abuso de sustancias tóxicas. Entre un 40% y un 60% de los niños afectados seguirá experimentando síntomas cuando llegue a adulto.

Dado que existe una gran variedad de problemas psiquiátricos cuyos síntomas se asemejan a los del TDAH, el especialista tendrá que descartar la existencia de otros problemas como las secuelas de un traumatismo, problemas de sueño, de visión o audición. Ciertos medicamentos tienen también efectos secundarios que pueden confundirse con las manifestaciones del TDAH, como fenobarbital, así como ciertas drogas (cocaína, alcohol, marihuana, entre otras).

Cómo se trata

Con una combinación de fármacos y terapia conductual. Pese a que buena parte de los pacientes responde al tratamiento hay otros casos en los que los síntomas permanecen hasta la edad adulta. Los expertos suelen aconsejar el uso de terapia conductual para aprender a canalizar la hiperactividad hacia la productividad o convertir su distracción en creatividad. Es aconsejable que los padres también aprendan técnicas para 'corregir' a sus hijos y convivir con ellos sin desesperar.

En 'compañía' de otros trastornos

Es frecuente que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad aparezca en combinación con otros problemas mentales infantiles. Así, por ejemplo, el TDAH 'acompaña' a los trastornos de la ansiedad en un 25% de los casos. Además, entre un 20% y un 30% de los hiperactivos padecen, también, un trastorno afectivo. Otros, problemas frecuentes son los de conducta, del sueño o los tics. Ayudar a los hiperactivos.

El primer paso para poder ayudar a un hijo afectado es que los padres tomen verdadera conciencia del problema y procuren que sus descendientes sepan qué es exactamente lo que les pasa.

Existen, además, otras 'pequeñas' ayudas que pueden ser de gran utilidad como animarle a que fije objetivos concretos y cortos, enseñarle las consecuencias de sus actos, insistir en que debe organizarse y apuntar las cosas para que no se le olviden.

También hay que apoyarle y animarle para que se quiera como es, además de evitar que se desespere cuando algo no le salga bien.

Apoyo para el colegio

El fracaso escolar es el gran lastre de los niños hiperactivos, por eso es importante buscar un lugar adecuado para que realicen sus estudios, además de dedicar tiempo a organizar las tareas diarias. Es fundamental que falte lo menos posible a clase, así como que estudie sin nada que le distraiga con facilidad (música, televisión, entre otros). El orden en la zona de estudio y tomar apuntes o hacer esquemas para memorizar una lección son herramientas de una gran utilidad.

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Desarrollo (La salud mental desde la Infancia )

Publicado en el mundo 

Autismo

El término autismo proviene de la palabra griega eaftismos, cuyo significado es 'encerrado en uno mismo'. El psiquiatra estadounidense Leo Kanner (1943), del Hospital Johns Hopkins, definía en 1938, y por primera vez, el síndrome autista tras estudiar los casos de ocho niños y tres niñas que "con independencia de sus interindividualidades, presentan una serie de características esenciales comunes". Le llamó la atención "su incapacidad para, desde un principio, relacionarse normalmente con personas y situaciones", que fueran, "autosuficientes y más felices cuando se los dejaba solos".

Al mismo tiempo, Hans Asperger definió una forma más leve del autismo, conocido como Síndrome de Asperger, caracterizado por la presencia de habilidades cognitivas superiores y un uso más normal del lenguaje.

El autismo es la enfermedad más común del grupo de los trastornos del desarrollo, conocidos también como trastornos del espectro autista, en los que se incluye además el síndrome de Rett.

Persiste a lo largo de la vida y afecta a cerca de 60 menores de cada 10.000 nacidos vivos, aunque es cuatro veces más frecuente en el sexo masculino que en el femenino. Su existencia se delata en los 30 primeros meses de vida. Los afectados presentan en, diferentes grados, alteración del lenguaje, la comunicación, la imaginación y las competencias sociales. Es frecuente que manifiesten comportamientos anormales como, movimientos y balanceo, obsesiones con ciertos objetos o hechos, así como actividades de carácter repetitivo.

El nivel de inteligencia y las capacidades varían de un niño a otro, aunque cerca de un 75% presenta una deficiencia mental. Hay casos excepcionales en los que estos niños pueden ser normales o, incluso, estar por encima de la media.

En aproximadamente el 10% de los casos, el autismo se asocia a otros trastornos como el Síndrome de X Frágil o la esclerosis tuberosa.

Cómo reconocer a un niño autista

Existen tres comportamientos que caracterizan claramente a un niño autista: Presenta dificultad para interactuar socialmente, padece problemas de comunicación verbal y no verbal y muestra comportamientos reiterativos o intereses obsesivos.

Concretamente, se le reconoce por:

-Cualquier ruido o sonido no le produce ningún efecto.

-Deja de hablar o nunca lo ha hecho. Su lenguaje es limitado o nulo.

-Repite lo que oye.

-No muestra interés por los juguetes.

-No juega con otros niños.

-Apila o sitúa en línea los objetos.

-No responde cuando se le llama.

-Suele quedarse quieto, paralizado, mirando algún punto fijo.

-Muestra un total desinterés por su entorno, no es dependiente.

-Se ríe sin causa aparente.

-Puede mostrarse agresivo.

-Repite comportamientos de forma constante.

-Obsesionado por la rutina y el orden.

-No sigue instrucciones ni obedece.

-No busca consuelo en los demás cuando está afligido.

-Tiene movimientos corporales estereotipados.

-Aunque muchos niños tienen una baja sensibilidad al dolor, son anormalmente sensibles al ruido, al tacto u otros estímulos sensoriales.

Por qué se produce

Aunque se desconoce la causa última que lo desencadena, los estudios en neuroimagen constatan que en el autismo están implicadas muchas de las estructuras cerebrales principales. Otros trabajos han centrado su interés en el papel de los neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la epinefrina. Todas estas anomalías sugieren que el trastorno puede ser el resultado de una interrupción en el desarrollo normal del cerebro en las fases iniciales de la gestación.

Asimismo, los científicos defienden que existen cinco o seis genes clave involucrados en el autismo así como otros 30 con un 'papel secundario'.

Se sabe también que el riesgo de los hermanos de niños autistas de desarrollar también la enfermedad es del 3%, aunque esta probabilidad se eleva hasta el 82% si se trata de gemelos monocigóticos o idénticos.

Consultar con el médico

Los padres que sospechen que su hijo es autista deben acudir a su pediatra con el fin de que este les refiera a un psiquiatra infanto-juvenil. A menudo, los niños autistas no son diagnosticados tan pronto como se debería. De hecho, hay casos que se están determinando con años de retraso.

Sin embargo, existen pruebas que pueden ayudar al diagnóstico precoz del trastorno, como el método CHAT. Este tipo de test para 'descubrir' el autismo a partir de los 18 meses se basa en la ausencia de tres conductas: protodeclarativas (son conductas comunicativas de carácter pre-lingüístico que aparecen entre los 9 y los 12 meses y que consisten en señalar algo para llamar la atención del adulto), co-orientanción visual (dirigir la mirada hacia el mismo foco de interés que el adulto) y juego de simulación (en el que unos objetos son situados por otros).

Aquellos menores que no presenten ninguna de las conductas citadas a la edad mencionada tienen un 83% de posibilidades de recibir un diagnóstico de autismo en el futuro.

Cómo se trata

No hay cura para el autismo, pero las intervenciones tempranas cumplen con el objetivo de paliar síntomas específicos y proporcionan una mejoría a los afectados.

El mejor tratamiento es el que combina varios tipos de terapias, como las intervenciones educacionales y conductuales, en las que el profesional intenta enseñar al niño destrezas del lenguaje y sociales.

Algunos expertos recomiendan también la administración de fármacos antidepresivos en los casos necesarios o estimulantes, como los empleados en el control del síndrome hiperactividad y déficit de atención, y que tienen como fin disminuir también la impulsividad.

Los padres deben buscar apoyo. El autismo ocasiona un gran impacto en el seno familiar y es frecuente que tanto los progenitores como los hermanos sufran frustración, desamparo y confusión.

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Alimentacion (La salud mental desde la Infancia )

Anorexia

La preocupación excesiva por tener un cuerpo perfecto puede llegar a convertirse en una obsesión y derivar en trastornos de la conducta alimentaria. Cuando esto sucede, los pacientes, casi todos adolescentes y jóvenes, adquieren patrones de alimentación tan peligrosos para la salud que pueden llegar, incluso, a comprometer sus vidas. La anorexia nerviosa es una de las enfermedades de este tipo más frecuentes.

El rechazo a mantener un peso corporal mínimo, el miedo intenso a engordar y la alteración significativa de la imagen corporal son las características fundamentales de este trastorno que empuja a sus víctimas a disminuir la ingesta total de calorías o a recurrir a las 'purgas' (vómitos provocados o uso de laxantes) o a la práctica excesiva de ejercicio físico.

Se estima que un 4,5% de la población sufre algún trastorno de la alimentación, la mayoría es del sexo femenino. No obstante, mientras que hay un enfermo varón por cada nueve chicas mayores de 12 años, en el tramo de los seis a los 12 años, la proporción es de cuatro niños por cada seis niñas.

Qué la desencadena

Pese a que aún se desconocen las causas últimas de la anorexia, las investigaciones sugieren que una combinación de ciertos rasgos de la personalidad, factores emocionales, así como biológicos y ambientales están detrás de este trastorno. Con frecuencia, las personas con anorexia dejan de comer bien porque piensan que así controlan su vida, o bien para revelarse contra las personas cercanas. La baja autoestima, la búsqueda de la perfección, los sentimientos de soledad, el fracaso sentimental o una historia de burlas respecto al tamaño o peso son factores que pueden precipitar la aparición de la anorexia.

Cómo se manifiesta

-Las afectadas suelen sufrir una rápida pérdida de peso a lo largo de varias semanas o meses sin una causa física que la justifique.

-Pese al adelgazamiento evidente, continúan haciendo dieta por su temor enfermizo a engordar.

-Muestran un interés desmesurado por el contenido calórico de los alimentos. Rechazan sistemáticamente todos aquellos productos con exceso de calorías y grasas.

-Manifiestan comportamientos inusuales respecto a la comida: Desmenuzan los alimentos, los apartan, los esconden en servilletas...

-Inventan excusas para no sentarse a la mesa con otros comensales y descartan las invitaciones a actos en los que haya que comer en público.

-Utilizan píldoras adelgazantes o laxantes.

-En las mujeres, los periodos menstruales pueden volverse irregulares o, incluso, desaparecer.

-Suelen aislarse y mostrar irritabilidad. También es frecuente la aparición de sentimientos de ansiedad y depresión.

-Practican ejercicio físico en exceso.

-Suelen llevar ropa holgada para 'disimular' su 'gordura imaginaria'.

-Duermen poco y procuran estar siempre activas.

-Niegan y ocultan la existencia del problema.

Otros signos

La anorexia no sólo se reconoce por la extrema delgadez de quien la sufre. Existe otra 'cara' de la enfermedad que se distingue porque las afectadas tienen:

-Piel seca y amarillenta

-Deshidratación

-Fatiga

-Desarrollo de vello corporal blanco y fino

-Uñas frágiles

-Caída del cabello

Las consecuencias de la enfermedad

Cardiovasculares. No es fácil predecir qué personas anoréxicas van a desarrollar un problema cardiaco con el tiempo, pero sí se ha podido constatar que la inanición repercute en la salud del corazón: disminuyendo el tamaño del órgano y ocasionando prolapso de la válvula mitral, hipotensión (tensión arterial baja), arritmias y bradicardia (ritmo cardiaco lento).

Osteoporosis. Se produce la pérdida de masa ósea como consecuencia de la retirada de la menstruación. Aumenta el riesgo de fracturas a largo plazo.

Inmunidad. Aumento del riesgo de sufrir enfermedades infecciosas.

Problemas gastrointestinales. Dolor, estreñimiento, flatulencia y reducción del tamaño del estómago.

A nivel hormonal. Se producen ovarios poliquísticos, acné severo, déficit de la hormona tiroidea y trastorno de la regulación en la producción de insulina.

Otras: Daños neurológicos, calambres y hormigueos e intolerancia al frío.

Diagnóstico y tratamiento

La anorexia nerviosa se agrava cuanto más tiempo pasa el afectado sin diagnóstico y tratamiento. Si sospecha que su hija o hijo la padece, acuda al médico cuanto antes. Primero descartará si la pérdida de peso obedece a una enfermedad física. En el caso contrario, el paciente será enviado a un psiquiatra quien se encargará de confirmar el diagnóstico.

El 70% de los casos se cura, un 15% de los afectados recae y el 15%, se convierte en enfermo crónico. Desgraciadamente, un 2% muere.

El tratamiento de la anorexia debe ser multidisciplinar. La normalización de la dieta y de los hábitos alimenticios son un paso terapéutico fundamental para, posteriormente, resolver los problemas físicos, psicológicos, sociales y familiares que acompaña a la enfermedad. Además de la terapia dietética, la paciente recibirá tratamiento psicológico y farmacológico. La familia juega un papel crucial en la recuperación de las afectadas.

Cuando la pérdida de peso es del 25% al 30% o si los pacientes tiene escasa motivación, trastornos psiquiátricos asociados o problemas en el entorno familiar, se suele recurrir a la hospitalización.

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Emociones (La salud mental desde la Infancia)

Publicado en el mundo 

Trastorno de ansiedad por separación

El miedo a la separación es el primero y más básico de los temores. Los niños que pasan por este duro trance temen perderse de su familia o que algo malo le ocurra a su padre o a su madre cuando se distancian de ellos.

Experimentar miedo forma parte del desarrollo evolutivo de las personas. A los pequeños les sirve para aprender a dominar el ambiente, además de que es útil para prevenir ciertos peligros. Pero este miedo se convierte en, aproximadamente, uno de cada 25 niños, en un terror que desencadena en trastorno de ansiedad por separación. El número de afectados desciende conforme los menores van haciéndose mayores.

Este trastorno suele tener sus primeras manifestaciones entre los ocho y los 14 meses. En esta época, los bebés sienten miedo a menudo, con la gente y los sitios nuevos. Y, también, cuando se alejan de sus padres. Un momento crítico es cuando acuden a la guardería o al colegio por primera vez. Más adelante, si el trastorno reaparece cumplidos los dos años y la sintomatología perdura a lo largo de cuatro meses se debe consultar con el médico.

Las 'señales' de la ansiedad por separación

-Preocupación injustificada por posibles daños que puedan ocurrir a personas cercanas.

-Miedo irracional a perderse, ser secuestrado y que estos acontecimientos les separen de los seres queridos.

-Rechazo repetido a ir al colegio, sobre todo por miedo a la separación.

-Problemas para dormir solo.

-Despertares frecuentes durante la noche para comprobar que familiar está cerca.

-Desagrado o rechazo repetido a dormir fuera del hogar.

-Temor persistente a estar sin personas significativas en casa durante el día.

-Pesadillas que abordan el tema de la separación.

-Síntomas reiterados, como náuseas, dolores gástricos, cefaleas o vómitos en situaciones que implican la separación de personas que les importan.

-Apego excesivo en el hogar.

-Rabietas, llanto, tristeza, apatía o retraimiento social cuando perciben que el padre o la madre se va alejar o durante y después del alejamiento.

Qué lo causa

Se sospecha que el conjunto de factores biológicos, familiares y ambientales está detrás de los trastornos de la ansiedad y, por tanto, del de separación. Asimismo, se cree que un desequilibro entre los neurotransmisores cerebrales (serotonina y norepinefrina) también contribuye a su desarrollo.

A quién afecta

Cualquier niño o adolescente experimenta en algún momento de su vida, en menor o mayor grado, ansiedad por separación. Los estudios indican que este trastorno afecta por igual al sexo femenino y al masculino. También se sabe que los hijos de padres con trastornos de ansiedad tienen más riesgo de desarrollar el problema. En muchas ocasiones, el trastorno aparece tras unas vacaciones escolares. Otros factores que favorecen la vulnerabilidad a desarrollarlo son.

-Ser hijo de padres separados o divorciados.

-El papel excesivamente sobreprotector de los padres.

-Vivir en una familia muy aislada socialmente. Los niños se separan en pocas ocasiones de sus progenitores y no desarrollan su autonomía.

-Existencia de problemas psicológicos en los padres.

Tratamiento

Un psiquiatra infantil o un psicólogo pueden detectar el trastorno de ansiedad por separación tras la evaluación del menor. Si los padres observan en su hijo algún signo del problema deben realizar la consulta cuanto antes para favorecer su diagnóstico precoz, lo que ayuda a una pronta recuperación y a la prevención de problemas en el futuro.

La terapia cognitiva conductual suele ser efectiva en la mayoría de los casos. En ocasiones, y dependiendo de la gravedad del trastorno y de la edad del menor se usan antidepresivos siempre que el niño sea mayor de seis años. En las situaciones más graves también se suele recomendar terapia familiar.

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Aprendizaje (La salud mental desde la Infancia)

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Dislexia

La palabra correcta es 'dado' o 'barco', pero los afectados de dislexia leen 'papo' o 'qarco'. Este trastorno específico del aprendizaje, que afecta a un 10%- 15% de los españoles, se manifiesta por la dificultad para la lectura y la escritura.

De origen neurobiológico, con cierto componente genético [en un 50% de los casos, el afectado tiene un hermano, un padre o una madre con el mismo problema], su intensidad y sintomatología varía de un niño a otro. Así, mientras que algunos disléxicos pueden presentar, además, problemas de orientación espacial y temporal, otros experimentan dificultades con el cálculo y la lógica matemática.

Cómo reconocerla

En la etapa preescolar suelen mostrar un retraso a la hora de hablar claramente, falta de constancia en los estudios, problemas con las palabras rimadas y confusión con las que se parecen en su fonética. Otras dificultades frecuentes son: problemas con la orientación espacial, torpeza al correr o saltar o escasa habilidad en el manejo del lápiz.

Hasta los nueve años manifiestan dificultades para aprender a leer y a escribir, así como incapacidad para memorizar las tablas de multiplicar. Les cuesta distinguir la derecha de la izquierda. Acusan problemas de conducta, como frustración y falta de atención en clase. Siguen sin sostener bien el lápiz y son lentos a la hora de memorizar la información. Además, tienen problemas para saber la hora, el día, el mes o el año.

En la adolescencia, las dificultades con la compresión de la lectura continúan y su escritura puede resultar extraña. Omiten letras o alteran su orden. Comprenden mal el lenguaje tanto escrito como hablado y muestran falta de interés en clase. Debido a su 'mala' lectura, fallan en la memoria inmediata e interpreta mal la información. Son desordenados con su material de trabajo, así como a la hora de estructurar órdenes. Tienen dificultades para elaborar sus pensamientos, hablar o escribir. Evitan leer en público y suelen bloquearse cuando les interrogan en clase.

Cuál es su causa

Se produce por una disfunción en el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el que se ocupa de los procesos del lenguaje hablado y escrito. Este fallo provoca que los afectados no automaticen la identificación de palabras (lectura) y/o la escritura de las mismas.

La realidad, el mundo, se codifica para todos ellos en un lenguaje mucho más difícil de decodificar, incomprensible, por eso tienen dificultades para establecer la relación entre lo que ven, cómo se escribe o cómo se pronuncia.

Sus consecuencias

La dislexia es ya la responsable del 25% del fracaso escolar. Pese a que sus primeras manifestaciones se producen en el momento en que los niños empiezan a aprender a leer y a escribir, muchos profesionales siguen defendiendo que el retraso en el aprendizaje se debe a un problema de madurez. Este hecho repercute en un diagnóstico tardío, lo que agudiza los problemas de baja autoestima de los afectados que ven como sus compañeros de clase aprenden y ellos no pueden. Máxime cuando se valora que, además y con frecuencia, son tachados de vagos y de distraídos y se les presiona para que alcancen el nivel de sus compañeros.

El sobreesfuerzo intelectual que los disléxicos realizan para superar sus dificultades provoca, además de fatiga, desinterés y retraimiento en clase. Pierden la confianza en sí mismos y eleva el riesgo de síntomas depresivos.

Diagnóstico

Ante la sospecha de su existencia, los padres deben consultar con el pediatra para que valore al menor de la forma adecuada. Este profesional determinará si es innecesario o no consultar con otros profesionales, como un psicopedagogo, especialista en trastornos del aprendizaje.

Cómo ayudar al niño disléxico

Los padres deberán buscar personal cualificado que ayude a la ‘reeducación’ de su hijo para que desarrolle las habilidades necesarias que le permitan superar sus trabas. Es importante aplaudir sus progresos y ensalzar sus habilidades particulares. Hable con su hijo de su problema y no comente sus fracasos sin contar con él.

Es necesario que colabore con él en sus tareas académicas y busque refuerzo extraescolar. La involucración de los profesores y del colegio también es fundamental para el adecuado desarrollo del menor.

Apóyese en la tecnología. Existe una gran variedad de programas diseñados específicamente para disléxicos.

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Lenguaje (La salud mental desde la Infancia)


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Trastorno de la pronunciación

Tal y como sucede con otros elementos del habla, la pronunciación de los sonidos del lenguaje es una habilidad que todo niño debe adquirir a lo largo de su desarrollo. Comenzará emitiendo los sonidos más simples hasta llegar a los más complejos.

Entre los 12 y 18 meses, con las primeras palabras, empiezan los primeros errores de pronunciación. Dirá 'mimir' en lugar de dormir. Todas estas equiovaciones se producen como consecuencia de la inmadurez de su lenguaje que tiende a simplificar los sonidos para que así sea más fácil la pronunciación. Poco a poco ésta irá mejorando así como su fluidez verbal.

Cuando este proceso no se realiza con normalidad se producen las dislalias o trastornos de la pronunciación. Suelen delatarse entre los tres y los cinco años, y se trata del trastorno del lenguaje más común en la población infantil.

Pese a que tanto los padres como los profesores suelen detectarlo con facilidad, es poco frecuente que se consulte con el especialista y se intervenga en el menor debido a que persiste la idea de que se trata de un problema que se soluciona solo con el tiempo.

La dislalia suele provocar problemas de comunicación del niño con su entorno y suele asociarse con retrasos en el desarrollo del lenguaje. En los casos más graves influye negativamente en el aprendizaje, disminuyendo el rendimiento escolar.

Porqué se produce

Se desconocen las causas últimas de este trastorno aunque sí se sabe que existen ciertas razones que intervienen en su desarrollo.

  • Deficiencias auditivas. Cuando el bebé no puede percibir con nitidez los sonidos de su entorno, también el desarrollo de sus capacidades lingüísticas se verá afectado.
  • Problemas cognitivos. Los niños con diagnóstico de deficiencia mental muestran más problemas en la adquisición del lenguaje.
  • Sistema nervioso. La posibilidad de que el retraso en la madurez cerebral puede producir problemas de lenguaje y pronunciación es una de las teorías que más relevancia tiene en la literatura científica.
  • Problemas emocionales. La privación de cariño y de relaciones sociales también puede provocar problemas de comunicación en el pequeño.

Hay casos de dislalias en los que no siempre están presentes los factores anteriormente mencionados. También pueden producirse por defectos anatómicos (dislalia orgánica), como labio leporino, defectos de la oclusión dental o frenillo, entre otros.

Tratamiento

La terapia varía en dependencia del nivel de lenguaje del menor y el grado del trastorno.

Normalmente, además de enseñarle a comunicarse mediante dibujos o sonidos, también se guía al pequeño en la adquisición de las primeras palabras y en su combinación para crear frases.

En el caso de que se trate de una dislalia orgánica se debe realizar la corrección de la malformación anatómica, y valorar posteriormente la terapia logopédica.

La evolución del pequeño dependerá de su cooperación, de la atención acústica, del coeficiente intelectual y del ambiente familiar que rodea al menor. El éxito de la terapia también radica en hacer que el menor se entretenga, en aprender jugando y en las repeticiones diarias hasta que el menor automatice los fonemas aprendidos.

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